martes, 3 de agosto de 2010

Masacre de Fátima.



La Masacre de Fátima es uno de los más crueles y aberrantes hechos cometidos por la última dictadura militar. El terrible genocidio ocurrió entre el 19 y el 20 agosto de 1976.



Aún hoy se sigue investigando, y restan identificar cadáveres. Y como se informa aquí,  El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó los restos de otro de los 30 cuerpos dinamitados en Fátima el 20 de agosto de 1976. Se trata del de Enrique Jorge Aggio, hijo de Carmen Lorefice, una de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, detenido y desaparecido el 31 de julio de 1976.
Hoy  "se sabe que 30 personas que estaban detenidas ilegalmente en la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal -conocida como Coordinación- fueron trasladadas el 19 de agosto de 1976 hasta el kilómetro 62 de la ruta 8, en Fátima. Allí se les disparó con un arma de fuego en la cabeza y luego se hizo detonar un artefacto explosivo que esparció los cadáveres en un radio de treinta metros." (Fuente aquí)
Podemos leer en la tapa y en el interior del diario Clarín del 21 de agosto de 1976, como con cinismo, se da cuenta -únicamente- del "repudio del gobierno en forma enérgica" y de que los mismos responsables de tal atrocidad se comprometían a "investigar hasta las últimas consecuencias". Los cadáveres "aparecieron", dice el título de la nota, haciendo suyo el lenguaje del comunicado del Ministerio del Interior que por entonces informaba que "Ante el nuevo hecho de violencia que significa la aparición en la zona de Pilar de treinta cadáveres...". Se informó la masacre, como si fuera un hecho de la "subversión" para seguir justificando la dictadura.
 Triste paradoja la "aparición" de cadáveres, en la época de la "desaparición" de miles de personas. 


Desde aquí, creemos en la necesidad de construir nuestro país, con  memoria, verdad y justicia.
Como el año pasado en el acto de la escuela 9 de Fátima, seguiremos homenajeando a nuestras víctimas. Hoy en libertad y en democracia, y luchando por una sociedad más justa. Porque sus muertes no han sido en vano.




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